SISTEMA EDUCATIVO BOLIVARIANO/Ideologos/Luis Beltran Prieto Figueroa |
Por la lucha cívica nos haremos ciudadanos libres, respetuosos de la ley y amantes de la justicia. Sólo la libertad nos permitirá alcanzar ordenadamente la civilización y la cultura. Quien no ha estado nunca en libertad, no sabrá ser libre y quien no sea capaz de alcanzar por la lucha esa libertad no es digno de disfrutarla. Es necesario (...) la empresa común que canalice la combatividad individual, empresa que no puede ser otra distinta de la elaboración de nuestra cultura nacional, que debe aparecemos como la creación unitaria del espíritu venezolano, vinculado a ella íntimamente; porque la unidad no está en el territorio común, ni en el idioma común, ni en las costumbres tradicionales heredadas, sino en todo eso y aleo más, trascendente y superior, que ondea por encima de lo objetivo y circunstancial: los valores permanentes de un ideal colectivo, que enlazan lo parroquial ilimitado can la unidad totalizadora: perfección, venezolanidad. Somos un pueblo de luchadores. La lucha esté consubstanciada con nuestra psicología. La represión violenta de ese instinto es dañosa para el normal desenvolvimiento del individuo y para la sociedad. La palabra de orden, lo que la ciencia nos enseña es que debemos derivar hacia fines útiles la actividad combativa, canalizar la acción, sublimar nuestra tendencia orientándola hacia los grandes ideales impersonales: la verdad, el bien, la Justicia, la equidad, y como síntesis de todo eso, hacia la cultura nacional. Mi idea es que para la selección de las lecturas del joven no se puede olvidar el lugar donde éste vive y crece. Hay un ligamen sentimental entre la tierra y el hombre que hace posible esa vinculación con la literatura de su pueblo. Es cierto que muchas veces ésta es pobre, por sus temas y por su elaboración, pero, de todas maneras, el joven encontrará en ellas resonancias de su propio espíritu, algo de lo que está en la raíz de sus preocupaciones. Considero que al revés de lo que prescriben algunos programas de enseñanza que comienzan señalando las grandes obras de la literatura clásica, alejadas del joven por los ternas, situados en épocas remotas, y por el lenguaje, que es también expresión de otras preocupaciones, debe comenzarse por lo mejor de la literatura nacional. Para un joven debe ser importante en su formación espiritual conocer lo más s electo de la producción de los escritores de su país. Después de conocido lo mejor de la literatura nacional, debe ensancharse a lo americano el ámbito geográfico para la lectura, y pasar de allí a lo universal. Vivir, sin duda, es más importante que leer, pero leer ayuda a vivir en plenitud, contribuye a hacer la vida más hermosa, más amplia, más generosa. Leer es también una de vivir, cuando de las lecturas extraemos las e auxilian nuestra acción y que, enriqueciendo nuestra experiencia, la hacen más eficaz y más valiosa. El instinto agresivo, connatural en el venezolano se mira favorecido en sus formas de expresión destructivas que el proceso de desarrollo social y económico ha desorganizado las antiguas formas, dentro de las cuales tos de convivencia mantenían las relaciones pacíficas y normales de los ciudadanos y de las comunidades. Al proceso de desruralización sucede otro de urbanización os recién llegados a la urbe tengan la cultura urbana que las ciudades reclaman. Se trata de una urbanización sin urbanidad o, mejor, de un urbanismo ruralizado. El choque formas antagónicas de cultura exagera los rasgos i de nuestra población, que encuentra en cualquier dad un medio para desfogar la combatividad. La 1 de esta situación estriba en que el combate, en el choque de las dos formas de cultura, se decide a favor as primitiva y no es una síntesis dialéctica más evolucionada, como sería deseable. En los momentos de conflicto esta inhabilidad de las instituciones se pone más de manifiesto. El desbordamiento de aquella energía salida de madre se expresa con la muerte de policías y soldados, en la agresión hacia profesores y en los desórdenes callejeros que tienen el mismo sentido del Carnaval, donde la agresión se Justifica por la agresión misma y quienes las realizan, sí fueran objeto de un minucioso examen, demostrarían perturbaciones que los ubican dentro de los candidatos de exacerbada agresividad extrapunitiva. Nuestra constante preocupación frente a los brotes desordenados y frecuentes de agresividad venezolana obedece a que ello señala procesos graves de desintegración, que a menudo no son comprendidos por los sectores afectados. Se piensa con alarma en la necesidad de ponerle remedio mediante la represión brutal, mediante procesos de agresiva contención» es decir, se pretende apagar el fuego con más fuego, sin crear las condiciones adecuadas de ambiente que favorezcan la integración. Los alarmados o asustados claman por la dieta dura, tal el caso de un eminente, culto y bien intencionado médico, que frente a los tumultos de 1936 pedía al Presidente de la República que desenvainara la espada para contenerlos. Siempre se recurre a la misma apelación buscándole justificación al despotismo. En lugar de poner orden, las dictaduras crean el desorden. Son la tapa de una caldera en ebullición, sin conducto de escape, siempre en peligro de estallar. Los desordenes de la dictadura solo se conocen después de la caída. El caos que dejaron las de Venezuela fueron y son las causas de la mayoría de nuestros desajustes. La caldera, sin válvula de regulación, se hizo mil pedazos. Consideramos la institucionalización de la vida democrática, que fija límites normales a la libertad dentro de la cual cada quien puede luchar sus combates sin desmedro de la dignidad de los ciudadanos, como medio para permitir una racional contención de la agresividad. La normal convivencia democrática desarma el brazo agresivo, limpia de inmundicias las lenguas de los maledicentes, lima de aristas agresivas los pensamientos de los escritores, es escuela de civismo y de hombría que enseña a comportarse dentro de las limitaciones que el derecho señala y a reclamar las garantías condignas a la persona humana, reconocidas por la ley a cada cual. Solamente los que dentro de la esclavitud no pudieron adquirir los mecanismos de la contención sin presiones envilecedoras, ni pudieron aprender el respeto sosegado a la dignidad de los demás, porque ésta se mide con la propia dignidad, inexistente en los epígonos de los despotismos, sólo éstos, repetimos, suspiran por las dictaduras y trabajan para sustentarlas. Además en ello les va su propio interés, que es contrario al interés popular de los luchadores por mejores condiciones de vida, por mayor justicia social y por un respeto mayor para su cabal condición de ciudadanos.
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