EDITORIAL/Discursos
MISION SUCRE. CARACAS. 2005.
DR. JOSE YANCARLOS YEPEZ

Buenas tardes camaradas…

Vuelve a imponerse la historia, recordando aquel día jubiloso de esperanzas que reviven las hazañas y victorias, que dejo uno de nuestros más insignes próceres de la patria: el Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, el cual es el faro inspirador y orientador de ideales y acciones, que quedaron atrapadas en un momento de la historia.

Este joven contagiado con las ideas revolucionarias de Bolívar, se convierte en pieza fundamental para la independencia de los pueblos latinoamericanos. Ahora regresa para traer la esperanza que la excluyente universidad ha negado, convertido en Misión, a la cual pertenecemos, en donde ustedes con todo su amor van a formarse Barrio Adentro e impulsar en la patria latinoamericana, la liberación en la salud con el abrazo y la sabiduría del pueblo.

Iniciamos una batalla, donde la mirada atenta de los intereses académicos más conservadores de la humanidad, a cada instante a partir de hoy estará clavada en nuestras acciones, en nuestro desarrollo, en nuestra gesta, porque cada uno de nosotros es un grano de arena en el inmenso mar de la liberación educativa, para la formación en salud, Barrio Adentro donde están nuestros pueblos, donde vivimos.

Como triunfadores, la victoria esta en las vidas de todos nosotros, en nuestras mentes, en nuestra humildad y nuestro compromiso por la patria, la patria de Bolívar, de Martí, de Sucre, de nosotros… 

En este mismo orden de ideas, Dubos en su libro “un dios interior” refiere: “Los Griegos clásicos y preclásicos simbolizaban los aspectos ocultos de la naturaleza del hombre, y en particular las fuerzas que le motivan a llevar a cabo hazañas memorables, mediante la palabra ENTHEOS, un dios interior. De ENTHEOS se deriva ENTUSIASMO, una de las palabras más bellas que existe en cualquier idioma”. Sin embargo, cuando miramos nuestro entorno aparece un enorme grupo de personas que entre mustios y misántropos son todo lo contrario al entusiasmo. Explicar, combatir y desterrar la misantropía es obra indispensable. El término de por sí es repulsivo. Etimológicamente de MIS = odio y antropos= hombre; es decir odio al hombre, al ser humano. Consolar, comprender y ayudar al enfermo se le exige al médico, ello no puede hacerse desde la misantropía, la languidez, el desánimo, el desaliento. No. Al contrario, se tratar de dejar alentaíto al adolorido.

Respeto a la vida, respeto a la integridad humana, actitud de reverencia a la condición humana, son deberes ínclitos del médico. “Florecimiento de la integridad” es una extraordinaria definición de salud a llevar a cabo diariamente por el médico y el estudiante en formación en su trabajo con el individuo, la familia y la comunidad: Ella se tiene que hacer con entusiasmo, es decir, con esa fuerza especial motivadora de hazañas memorables, que impulsaron a Sucre en la lucha independentista que hoy retomamos.
Ahora bien, salud es un estado de completo bienestar, con capacidad de funcionamiento, de los seres humanos. Alegría y salud son bienes compenetrados, simultáneos, concomitantes. Uno hala al otro. Los librotes de medicina no hablan de alegría y muy pocos mencionan la salud. De alegría y de salud hablan poetas y filósofos. Comentemos algunos: Pablo Neruda canta a la alegría y la define como esperanza cumplida, deber desarrollado”. En Eclesiastés 30-32 se lee: “La alegría del corazón es la vida del hombre y la alegría del hombre prolongará sus días”. Queremos al humano longevo, sano y que se muera lo más tarde posible, es decir, con alegría del corazón siempre, por que ella es la salud, es la vitalidad.
De Erick Fromm “Tener o Ser” leemos “Alegría es un sentimiento que acompaña la expresión productiva de nuestras facultades humanas esenciales. Alegría no es el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que acompaña al ser”. La salud lleva a la alegría y viceversa, cuando propiciamos la salud no solo producimos alegría, sino, hacemos un bien que en definitiva es hijo del amor, demostración de amor.
El hombre es un ser Biopsicosocial ético y espiritual, activo, en un ambiente, simple definición machacada en nuestras universidades y olvidada al día siguiente de obtener el título profesional. A partir de ese día se impone el modelo médico biologicista, individualista, mercantilista y asocial. De manera inmediata se impone el lenguaje reduccionista de “la apendicitis o el pié diabético de la cama diez” y su horrible actitud de negar la socializad del ser humano.
La mujer y el hombre viven en cominidad. Desde allí va al médico y a ella vuelve a cumplir su vida diaria. Esa procendencia en la que nos desenvolvemos tiene que ser atendida y puesta en salud, tanto en los aspectos físicos como psicosocioculturales; y el habitat natural, de mayor intimidad es la familia entendida como una trama, una flor, una tumba, una cárcel, un castillo; allí se desenvuelve toda su vida y de cómo sea esa flor o esa tumba habrá salud o enfermedad, alegría o tristeza.
Y más allá de la familia, la calle, la cuadra, el barrio, el sector, la urbanización, la parroquia, acogiendo seres humanos con un estilo de vida, un nivel, un significado, una calidad de vida de mayor o menor grado. La calle, el barrio, el sector, la parroquia tienen que ser atendidos y puestos en salud. La calle saludable será la hija del esfuerzo de la familia saludable y viceversa. No se trata de medicalizar la vida comunitaria. Se trata de concretar el estado de bienestar para ella y con su concurso, en un esfuerzo minuto a minuto que imponga la salud como un valor apetitoso, cargado de entusiasmo, una especie de cultura comunitaria, una amplia y sostenida preocupación comunitaria por la salud de todos, un respeto y una responsabilidad sentida por todos. Familia adentro, comunidad adentro, barrio adentro, el estudiante conoce, investiga, comprende la biopsicosocialidad del hombre, trabaja con  y por ella. Le pone entusiasmo.
Frases como etilo de vida y calidad de vida aparecen para llamarnos a la acción, al esfuerzo permanente y concertado de todos. Un inmenso trabajo educativo es indispensable para enfrentar estilos de vida individuales y colectivos, contrarios al bienestar. El ambiente es enfermante, la sociedad tiene desajuste que producen dolor y miseria, pero hasta allá hay que llegar. La meta es la calidad de vida para todos. Esa es la misión. Hace falta una campaña de ternura y de paciencia, persistente, permanente cerquita del humano. Esa campaña a su vez necesita mujeres y hombres de fe, entusiasmados y sabios, ejemplos de solidaridad, promotores de oficio. En la derrota de la pobreza, tiene que estar involucrado el médico de hoy, ese que se va a formar allá en Barrio adentro, el intelectual de hoy y Ustedes todos como los Universitarios de hoy. El desarrollo humano necesita los cerebros lúcidos y todas las manos afanosas. Que el médico siga atrincherado, aferrado al viejo consultorio, a la espera pasiva del doliente, es traición de lesa humanidad.

Ya para terminar nuevamente el poeta tiene la razón:
Hijos míos, salgan al mundo
Con las antorchas en la mano
Donde haya hogueras
Pongan manantiales
Donde haya espadas
Pongan rosas.
Transformen en jardines
Los campos de batalla
Abran surcos y siembren amor.
Planten banderas de libertad
En la patria de la pobreza
Y anuncien que llega pronto
La era del amor
De la alegría
Y de la paz”.
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