EDITORIAL/Discursos

DISCURSO COMO ORADOR DE ORDEN DEL
I ENCUENTRO CAMPESINO ANTIIMPERIALISTA.
Prof. Yancarlos  Yépez

Pueblo Nuevo de la Sierra Falconiana: 17 DE AGOSTO DE 2006.

José Leonardo Chirinos, hombre de profundas convicciones, sabía que sus ideas libertarias tenían que ir más allá del ámbito en la explotación de sus hermanos de raza negra. Su ascendencia india (su madre Cándida Rosa) lo llevaba a asumir también la lucha en nombre de esa raza.

A pesar del tiempo transcurrido desde la colonización; el zambo sabía que la explotación del indígena era un factor de primer orden que dentro de las relaciones de producción generaba enormes beneficios a los colonizadores. De igual forma sabía también que el indígena además de ser exterminado por no dejarse esclavizar, de ser sacado en forma violenta de su medio ambiente, había sido vendido a Europa al igual que posteriormente se hiciera con los negros traídos de África.

La esclavitud económica de los aborígenes venezolanos es una realidad en el siglo XVIII, disimulada con los servicios personales gratuitos o retribuidos en especie o justificada jurídicamente con relación a ¨los indios rebeldes o apóstatas¨, pero realidad que funciona en los centros de trabajo con fines de explotación y lucro, y en beneficio de un grupo social de propietarios de medios de producción.

Tal era la situación de explotación a la que se sometía a los indígenas, y por ello cuando se analiza el movimiento insurreccional comandado por José Leonardo Chirino, es necesario ver al zambo no como el estratega político que fríamente prepara las estrategias para atacar un frente o dirigir una operación, es necesario verlo como el hombre a quien se explota junto a cientos más: negros, indios, mulatos, pardos, zambos. Su condición humana y política no le permite soportar más vejámenes de que son objeto en las haciendas de los amos.

José Leonardo entendió muy bien el binomio terrateniente – esclavista, esclavo – fuerza de trabajo; Chirino no fue estratega militar, pero si fue un hombre a quien le preocupó la situación de explotación que sufrían los esclavos.

El 10 de Mayo de 1795, José Leonardo Chirino comandó la insurrección de esclavos más importante en Venezuela y en América, sembrando en nuestro continente la semilla de la LIBERTAD. El 10 de Diciembre de 1796 es sentenciado a la horca, como resultado a un juicio, único en el país y en América.

En 1812 se perdió la primera república: el generalísimo Francisco de Miranda, Comandante en jefe del ejército emancipador, firmó una capitulación frente al representante opresor Domingo Monteverde. Con esta capitulación se perdió la República y  ocurrió la primera gran traición a los sueños libertarios del pueblo.

Bolívar en el Manifiesto de Cartagena enjuicia la caída de la Primera República e invita a mejorar la conducta, a corregir los vicios y aprender las lecciones dejadas por esos terribles acontecimientos:
¨ El más consecuente error que cometió Venezuela al presentarse en el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción que hizo del sistema tolerante, sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todo el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta entonces hasta los últimos períodos, con una ceguedad sin ejemplo ¨. Más avanzado el Manifiesto, reafirma la idea al expresar:
¨ Al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar, porque los gobiernos liberales  deben distinguirse por la clemencia. Clemencia criminal, que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía no habíamos enteramente concluido ¨.  

Hoy, después de casi doscientos años de Patria, aparecen una vez más en el escenario político nacional los espectros del monteverdismo y de la capitulación, como formas de truncar  los sueños y las esperanzas de un pueblo. Los monteverdistas como abanderados de la restauración de la  IV República, y los conciliadores de oficio, haciendo su labor de zapa infiltrados en el campo revolucionario, pactan solapados por debajo de la mesa la entrega de la Revolución Bolivariana. Persiguen adulterarla y maniatarla en la negociación, despojarla de su esencia: el fervor popular y la voluntad de transformación. Plantean un convivencia pacífica antinatura, la de los expoliadores con los humildes, la de la emancipación con la opresión. Y el precio de esta convivencia es no profundizar la Revolución, convertirla en una caricatura de sí misma. Ya no se habla de los intereses de los humildes contrapuestos a los intereses de los oligarcas. Tratan de ocultar que la discordias entre los venezolanos no es producto de la voluntad de algunos, sino de las condiciones de miseria en que viven millones de venezolanos y que esta miseria es producto de la apropiación ilícita de la riqueza social por un puñado de oligarcas privilegiados. Piensan que si le prestan algún servicio a los oligarcas, éstos los dejarán comer las migajas del banquete y olvidarán su tránsito estruendoso al lado del comandante Chávez. Sueñan con volver al pasado y que todos olvidemos a la Revolución.

Los Revolucionarios Bolivarianos, no podemos permitir que se desvíe el esfuerzo de profundización de la Revolución. El Presidente Chávez y el proceso Bolivariano son la experiencia política más legitimada y más democrática en todo el mundo. El problema planteado no es entre elecciones y golpe de estado, sino entre revolución y contrarrevolución, entre antichavismo y chavismo, entre imperialismo y antiimperialismo; no nos engañemos a nosotros mismos, las únicas variantes son revolución o facismo, paz revolucionaria o guerra contrarrevolucionaria, socialismo o capitalismo, para ello el único camino es profundizar la revolución con apego a la constitución.

­Errores, muchos se han cometido; la impunidad, la falta de una dirección política revolucionaria, la falta de respuestas a las preguntas cruciales de la revolución, son algunas de ellas. Es hora de empezar a subsanar los errores y relanzar la Revolución Bolivariana. El pueblo espera las órdenes de su dirección para enfrentar al enemigo, dejarlo sólo en manos de los entreguistas es condenarlo a sucumbir en mil luchas inútiles.

Ahora bien, existe otro enemigo de gran peso e indispensable de vencer que es el imperialismo. Los imperios como las grandes organizaciones, no se colapsan sin arrastrar con ellos a quienes consideren los causantes de su caída. Las decisiones más insólitas, arriesgadas y perversas son siempre registradas en los planes de un imperio en decadencia. La historia universal está plagada de dirigentes imperiales que ante la incertidumbre creada por sus fracasos e intentando evitar la inminencia del colapso tomaron decisiones que a la postre aceleraron su salida. Así lo hicieron Alejandro Magno en Macedonia, Julio César en Roma, Carlos V en España, Luis XV y Napoleón Bonaparte en Francia, La Reina Victoria en Inglaterra y más recientemente Adolfo Hittler en Alemania y ahora George Bush en los Estados Unidos.

La historia del ascenso y dominación de los imperios siempre ha estado reseñando decisiones y propósitos de una dirigencia  que justificaba con mitos y falacias su accionar de conquista y depredación. Aristóteles justificaba la acción de conquista del imperio Heleno, argumentando que la superioridad de los griegos les daba el derecho de gobernar y de esclavizar a los bárbaros.

Hace más de dos mil años el imperio Romano aplicaba la Pax Romana sobre los territorios conquistados, sus ejércitos dominaban tres continentes, respetaban las culturas, las creencias religiosas, las jerarquías locales y hasta daban la ciudadanía romana a los súbditos del imperio. Su depredación imperial se centraba en la sustracción de cosechas y en el cobro de impuesto a los pueblos colonizados a cambio de la creencia de una paz y seguridad brindada por sus ejércitos.

Los conquistadores del imperio español, estaban convencidos de que el sometimiento, la matanza y la esclavitud de millones de aborígenes americanos se justificaba bajo el pretexto de la cristiandad y la civilización. El imperio Británico justificaba el sometimiento y la esclavitud de centenares de millones de hindúes y el exterminio de los habitantes autóctonos de la América del Norte, bajo la creencia de la superioridad del hombre blanco.
                                                                                                      
Hoy, Estados Unidos, como imperio dominante, realiza una Paz Americana, que extiende su presencia en los cinco continentes, también depreda las riquezas y subyuga a los pueblos y al igual que los romanos, ahora utiliza el mito de una ocupación militar como pretexto para garantizar la Paz, la seguridad y la libertad de los pueblos invadidos. A diferencia del resto de los imperios que hemos conocido en la historia, los Estados Unidos ha basado su desarrollo, muy especialmente, durante los últimos 50 años, en la manipulación económica, en el fraude, en las acciones encubiertas y en la seducción de una realidad que ha basado su esplendor en la riqueza de una acción depredadora que no tiene parangón en el mundo.

Estados Unidos declara su actividad imperialista desde comienzos del siglo XIX, cuando en 1823 James Moroe declara que la totalidad del hemisferio occidental estaría bajo la esfera de influencia de los Estados Unidos. Primero le expropiaron a España la Península de la Florida, luego bajo diversas acciones bélicas en contra de México se apoderaron de los actuales territorios de California y de Texas. En 1893 un grupo de aventureros europeos y estadounidenses muy bien armados y autodenominándose insurgentes antimonárquicos y con el respaldo de tropas del USS Boston derrocó la monarquía constitucional de Hawai. De inmediato el presidente norteamericano calificó de vandálico el acto, contrario a la constitución y a los intereses de Estados unidos y a las leyes internacionales. Bajo este señalamiento y pretendiendo honrar el rescate de la institucionalidad los EEUU intervienen en la isla para rescatarla de los insurgentes y establece un gobierno provisional. Cinco años después de este subterfugio, que más tarde se conocería con el nombre de acciones encubiertas de la CIA, en Junio de 1898 el gobierno norteamericano se anexaba las Islas Hawaianas bajo la figura de Trust Territori; un eufemismo para ocultar su verdadero carácter de colonia. Ya para 1920 los Kanaka Maoli (población nativa hawaiana) habían sido totalmente desposeído de sus tierras y su territorio convertido en un basto complejo de bases militares: Pearl Habor, Hickman Field, Schoffield Barracks, For DeRussy, Bellows Field, Fort Shaferte etc y en grandes plantaciones de caña de azúcar y piña, propiedad de corporaciones estadounidenses.

Dada la importancia estratégica de estas islas para las acciones bélicas del imperio en el pacífico, en 1959 y ante los requerimientos de las Naciones Unidas respecto a los territorios no autogobernados, los EEUU decidieron, bajo la figura de un referéndum amañado, donde no se incluyó la opción de independencia en la encuesta, y de supuesta consulta al pueblo Hawaiano, anexarse a Hawai como un estado de la unión. Desde entonces, el derecho a la autodeterminación del pueblo Kanaka Maoli ha sido eliminado.

Antes de declararle la guerra a España en 1898, los EEUU ya habían ejecutado  más de 103 intervenciones militares en todo el mundo: Trípoli (1800-1815), Argelia (1815), Sumatra (1832-1838), Argentina (1833- 1852- 1890), México (1836-1842-1859-1866-1870), Fiji (1840-1855-1858), Samoa (1841-1888), Islas Drummond (1841), Tourana (1845), Jaffa (1851-1858), Japón (1853), Nicaragua (1853-1854-1857-1867-1894-1896-1898), Uruguay (1855-1858-1868), Colombia, Departamento de Panamá (1856-1865-1873-1885-1896), China (1859), Paraguay (1859), Angola (1860), Islas Shimonoseki (1863), Korea (1871-1888), Hawai (1874-1889-1893), Egipto (1882) y Haití (1888).

El imperio finalizó el siglo XIX iniciando en 1898 una guerra contra España; en  Mayo de ese año siete barcos de guerra de la armada de EEUU abrieron fuego sobre la ciudad de San Juan en la Costa Norte de Puerto Rico. Dos meses y medio más tarde, las tropas del ejército invadieron ese territorio español y se apoderaron de la isla caribeña, instalaron trece bases militares y cuatro grandes consorcios azucareros norteamericanos se apoderaron de la totalidad de la tierra fértil de la isla. El argumento utilizado para justificar la invasión fue el LIBERAR AL PUEBLO DE LA OPRESIÓN DEL IMPERIO ESPAÑOL. En 1950 y respondiendo a las exigencias señaladas en la carta de las Naciones Unidas sobre la necesidad de las descolonización de los territorios no autogobernados, EEUU procedió a la aprobación de una ley que le confería a Pto. Rico el Status de Estado Libre y Asociado. La respuesta a esta decisión fue una insurrección del pueblo portoriquense, la cual hasta nuestros días se mantiene como una bandera de lucha frente al poder de un imperio que continúa manteniendo a la isla como su colonia y como la base del despliegue de sus fuerzas militares para las operaciones en toda la región del caribe.
      
Mientras esto ocurría en el mar Caribe, del otro lado del pacífico, los EEUU, luego de derrotar a la flota española en la bahía de Manila procedió a ocupar a las islas filipinas; luego de la invasión y de la adhesión de estas islas como territorio colonial del imperio Norteamericano procedieron a la supresión de los derechos de los nacionalistas filipinos de las islas del norte y a la persecución y exterminio de la población musulmana de Mindanao y de otras islas filipinas del sur.

Luego de una campaña militar que acabó con la vida de más de un millón de filipinos, el ejército invasor instaló 24 bases militares en las filipinas; al no poder doblegar la resistencia de la guerrilla Hubalahap, los EEUU procedieron a la descolonización en 1947, el imperio se retiró pero no sin antes dejar un gobierno títere cuyo presidente era Ferdinan Marcos y dos grandes bases militares: la base aérea Clark y la base naval Subic que incluye la totalidad de la ciudad de Olangapo.

Todas estas acciones bélicas protagonizadas por los EEUU en el siglo XIX constituyen la antesala para el surgimiento de un gran imperio que haría del  siglo XX la consolidación de la mayor dominación que país alguno haya logrado sobre la tierra.

El siglo XX se inicia con señalamientos que prometen más intervenciones por parte de los EEUU, cuando el senador Beveidg en 1900 declaró: ¨Dios nos ha hecho maestros organizadores del mundo para establecer el orden donde reine el caos. Él nos ha dado el espíritu del progreso para vencer las fuerzas de la reacción en la tierra… si no fuera por las fuerzas como éstas, el mundo se vería inmerso en la barbarie y la oscuridad¨. En igual tono amenazante el Presidente Teodoro Roosevelt en 1904 declaró: ¨los EEUU por ser una nación civilizada tenía todo el derecho de parar las desviaciones crónicas que pudieran presentarse en el mundo.¨ A partir de estas declaraciones, EEUU inicia la construcción de un canal que permitiera la transferencia en una forma rápida de sus fuerzas navales entre el atlántico y el pacífico, este canal es el canal de Panamá  y para su construcción EEUU le arrebató a Colombia parte de su territorio que para entonces se conocía como el Departamento de Panamá.

Luego de esta acción depredadora, el imperio continuó sus intervenciones en Latinoamérica alcanzando desde el despojo del Dpto de Panamá a Colombia hasta al depresión de 1929 treinta y dos incursiones.

El evento que marca definitivamente el papel dominante y hegemónico de los EEUU en el planeta es la II Guerra Mundial, allí aprovechando el debilitamiento militar de los países EuroAsiaticos que participaron en este conflicto bélico y la destrucción total de sus economías, EEUU decide incorporarse a la contienda, tal vez atizado por el ataque y bombardeo por parte de los japoneses a las instalaciones militares de Peral Harbor en el pacífico. Al finalizar el conflicto, EEUU logra los mayores beneficios de la guerra. Detrás del propósito de la ayuda a los países europeos mediante fondos proveídos por el célebre plan Mashal para la reconstrucción de Europa, poniéndose en marcha un proceso que permitió el surgimiento y posterior consolidación de grandes empresas norteaméricanas. De igual manera, después del acuerdo de Yalta entre Chourchil, Stalin y Roosevelt los EEUU se posiciona en Europa y Asia como la gran potencia militar e instala bases en  casi todos lo países europeos y en Japón. En este último, además de arrebatarle una de sus islas e instalar en ella el complejo militar que hoy conocemos como la base de Okinawa, no esperaron por lo que sería la obvia rendición de Japón y procedieron a probar sobre su territorio las terribles consecuencias humanas, históricas y sociales, de un ataque nuclear. En las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, EEUU, con el asesinato de más de 300.000 habitantes, le demuestra al mundo el talante de un imperio que no se detendrá ante ningún obstáculo que se interponga en su carrera imperial.

En nombre de la paz como bienaventuranza y bajo la supuesta amenaza del comunismo, proceden a cubrir de agonía y muerte a países militarmente más débiles o en donde sus pueblos buscan caminos distintos al capitalismo; es así como posicionan sus tropas en Vietnam, Cambodia y Laos. Solo en Cambodia, entre 1969 y 1973 la fuerza aérea estadounidense dejó caer más de 530.000 toneladas de bombas matando a 600.000 personas y desplazando a más de 2.000.000 de refugiados.

En 1775 ya un Ministro del gobierno español, en una carta enviada a un amigo, manifestaba proféticamente las firmes intenciones imperialistas de los EEUU: ¨ Esta República Federal nació pigmea por decirlo así, y ha necesitado del apoyo y fuerzas de dos estados tan poderosos como España y Francia para conseguir la independencia. Llegará un día en que crezca y se torne gigante y aun coloso temible en aquellas regiones. Entonces olvidará los beneficios que ha recibido de las dos potencias, y solo pensará en su engrandecimiento… dentro de pocos años veremos con verdadero dolor la existencia tiránica de este coloso del que voy hablando. El primer paso de esta potencia, cuando haya logrado su engrandecimiento, será apoderarse de las floridas, a fin de dominar el Golfo de México. Después de molestarnos así y nuestras relaciones con la nueva España, aspirará a la conquista de este vasto imperio, que no podemos defender contra una potencia formidable, establecida en el mismo continente y vecina suya.¨

Ante el poder imperialista, se impone nuestra historia Bolivariana; materializada ideológicamente con el juramento de  Bolívar en Monte Sacro, donde jura dedicar su vida a la causa de la independencia:

¨ Juro delante de Usted; juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor, y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español.¨ ;

o como lo expresa nuestro comandante Chávez:

¨ No descansaremos hasta romper las cadenas que oprimen a nuestros pueblos: las cadenas del hambre, la miseria y el colonialismo. Este país será libre o moriremos tratando de liberarlo.¨  
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